«La memoria del aire» de Caroline Lamarche

«Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos», decía Jorge Luis Borges. En “La memoria del aire”, la novelista y poeta belga Caroline Lamarche (Liège, 1955) ahonda en los rincones más recónditos de su memoria para regalarnos uno de los relatos autobiográficos más poéticos, intimistas y estremecedores escritos hasta el momento. La narración empieza como si de un sueño se tratara, con la aparición de una mujer muerta que se parece mucho a ella, o a la versión de ella de hace veinte años. No sabemos si esta visión representa a su alter-ego, a su “yo” del pasado, o simplemente a la necesidad de comunicarse con alguien, de contar su historia, de compartir las heridas del pasado entablando una conversación con esa otra mujer (que podría ser cualquier lector).

Caroline Lamarche, novelista y poeta belga.

Hay una habitación, “la habitación de los libros y el amor”, así la llama la autora, y un hombre sin nombre, que decide llamar “Deantes”. Ese hombre no se merece más que eso, nada más que una referencia al pasado, a algo lejano, doloroso, pero no olvidado. Porque la memoria vuelve a ser una pieza fundamental, algo imprescindible para conocerse y recrearse a uno mismo, para no volver a caer en ese vórtice de relaciones tóxicas y dañinas. Caroline Lamarche nos da unas pinceladas de su relación con Deantes, suficientes para abrir un diálogo interior consigo misma, pero también con todas aquellas mujeres que han pasado por algo parecido, o que conocen a alguien que lo ha vivido. Ese paraíso-infierno en lo que puede convertirse una relación, cuando entran en escena las peleas, los celos, las pequeñas venganzas y sobre todo la violencia; cuando las palabras ya no son suficientes y el cuerpo toma el relevo de la situación.

La escritora belga nos hace testigos de su relación con Deantes, nos cuenta los días buenos y los días malos, y como, inevitablemente, todos los días acaban convirtiéndose en días malos. Y mientras él se encierra en su negatividad, ella termina viviendo al borde de sí misma, como una «superviviente de ningún lugar», dice. Nos hace testigos de los mecanismos más dañinos de una relación enfermiza y uno de ellos, el más peligroso, es esa sensación de culpabilidad donde se esconde la escusa, la justificación de un maltrato.

“Mi respuesta era inadecuada (como decía él), al parecer cada vez lo era más: de palabras de consuelo a consejos ingenuos, la inadecuación se convirtió en mi segunda naturaleza.”

Caroline Lamarche trata un tema delicado, un tema que está ahora mismo en el centro del debate, y lo hace con ternura y sinceridad. Es honesta con el lector, pero también consigo misma, reconocimiento sus errores y sus debilidades, así como las dificultades de tomar conciencia de estar viviendo una relación enfermiza e intentar salir y desprenderse de ella. El lector se siente parte de esa lucha interior, de esa soledad, de esa impotencia, y rabia también, que evoca cada palabra. Ahí es cuando el aire se convierte en el único testigo, en un espectador silencioso y pasivo de lo que pasa entre las paredes de una casa, o de una habitación. Ese aire se convierte en un aire claustrofóbico, pesado, asfixiante porque va cargado de esa memoria, de esa violencia, de esa culpabilidad y de ese dolor que nunca desvanecerá.

“Siento que hay en mí una grieta donde el sol no penetra jamás, un lugar helado y frío del que ignoro hasta el nombre”.

Un agradecimiento especial a Tránsito Editorial que ha traído a España esta pequeña joya tan real como poética, tan conmovedora como aterradora. Os aconsejamos estar pendiente de sus próximas publicaciones porque esta editorial, que ya va por su tercer libro publicado, nos va a regalar muchas más emociones.

Curiosidad: «La memoria del aire» es la propuesta editorial que hemos incluido en la caja sorpresa de enero dedicada a las mujeres creadoras.

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