Roma, el cine puro de Alfonso Cuarón

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Hay películas que te marcan profundamente, que te entristecen, te emocionan y te enamoran. “Roma” de Alfonso Cuarón es una de esas películas. Es un cine puro, poético, inmenso. Es una película que conmueve y destroza el alma. Quizás sea uno de los mejores estrenos de este 2018 junto con la polaca “Cold War” de Pawel Pawlikowski.

Con un blanco y negro hipnótico y un formato clásico (4/3), Alfonso Cuarón nos sumerge en sus recuerdos de infancia, en la vida de una familia burguesa que habita en Ciudad de Méjico. Lo hace a través de dos mujeres: por un lado Cleo (Yalitza Aparicio), la trabajadora del hogar, y por el otro la señora Sofía (Marina de Tavira), la dueña del hogar. Dos mujeres que vienen de dos mundos aparentemente opuestos pero que encuentran un punto en común en las dificultades y crueldades que la vida les pone delante. La cámara sigue todos los movimientos de la criada, desde que se despierta hasta que se va a la cama: Cleo es la primera en levantarse y la última en acostarse. Es el motor y el alma de la casa, es la razón de supervivencia de una familia casi destrozada.

Una secuencia de “Roma”.

“Estamos solas, no importa lo que te digan. Siempre estamos solas”. Confiesa la señora Sofia a su criada en un momento de dolor y lucidez. Cuarón muestra las debilidades y las fortalezas de estas mujeres: mujeres traicionadas, abandonas, mujeres al borde del abismo que encuentran en su interior la fuerza para enfrentarse a la vida. Son mujeres capaces de abrazar las desgracias y sacar de ahí la fuerza necesaria para levantarse y crearse una nueva vida, una nueva aventura (como dice la Señora Sofía).

Roma es una historia de mujeres, mujeres traicionadas, abandonadas, mujeres fuertes, mujeres olvidadas. Pero es también la historia de una ciudad rota, una ciudad que lucha por la conquista de derechos y libertades negadas. Estamos en 1971, el año de las manifestaciones estudiantiles y de la gran matanza conocida como “La Masacre de Corpus Christi”. Vemos a una Ciudad de Méjico alborotada, ruidosa, en plena revolución, donde las balas vuelan y caen indiscriminadamente sobre la multitud. Roma es el retrato de una familia, de una clase social y de una ciudad, contado a través de la memoria de su director.

Entristece y sorprende que una película tan hipnótica, delicada y bella solo pueda verse en cinco salas de cine en toda España. ¿La razón? Roma ha sido producida por Netflix, actualmente la mayor plataforma audiovisual a nivel mundial. La cinta de Alfonso Cuarón forma parte de un proyecto de la compañía para ganar aprecio, reconocimiento y prestigio en la industria del cine (entre sus producciones ya aparecen directores de renombre como el mismo Cuarón, los hermanos Cohen y Martin Scorsese). Sin embargo, Netflix no deja de ser una plataforma de streaming y por lo tanto no ha querido renunciar a un estreno casi simultaneo en cines (5 de diciembre) y online (14 de diciembre). ¿El resultado? Roma se puede ver en pantalla grande en solo cinco cines repartidos entre Madrid y Barcelona.

Una verdadera pena ya que una película como esta merece ser vista en la gran pantalla, en la oscuridad y el silencio de una sala de cine, sin móviles, sin ruidos, sin distracciones, solo tú y la película. Porque lo que ofrece Roma es un cine puro, íntimo y poético en el que sumergirte totalmente.

 

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